Pasamos casi una semana por Sucre, esta bonita ciudad fundada por los adinerados  de Potosí que la dotaron de iglesias y conventos, casas señoriales con patios y fuentes y una arquitectura maravillosa. La llegada fue fantástica, tras una tormenta que dejaba el aire puro y el frescor necesario para poder disfrutar de un paseo en moto.

Salimos de Potosí, bajamos más de 1.000 metros de sus 4.000 “y pico” tras haber probado una de las sopas más ricas del mundo, la Sopa del Inca; una mezcla de harinas de trigo y maíz, con patata, trocitos de carne, ají, perejil y algo más que no conseguí distinguir. Pura energía. Una sopa que se prepara en un puchero, a las brasas y después se calienta de forma milenaria, con una piedra volcánica caliente que se hecha en el interior y hace que hierva de nuevo esta sopa casi crema.

sopa inca 2 sopa inca 1

Tras dos horas escasas de curvas y bajadas llegamos a Sucre. Me senté en el banco de la plaza y acabé conversando con una señora, profesora, que me contó lo complicado que es favorecer políticamente a unas y otras clases sociales, a las gentes del campo y la ciudad, a los más pobres y a los más ricos.  Ella era quechua, hablaba español y su propia lengua y había prosperado lo suficiente para adquirir cultura y sapiencia. Pero, ella me contaba, que hay muchos aún que viven en el campo, casi aislados, que las lenguas son más de cien y que es difícil que llueva a gusto de todos. Estaba contenta con la gestión de su Presidente (en otros casos ha sido lo contrario) y deseaba que no se perdieran las raíces de su pueblo.

Sucre, plaza principal, edificio de la Libertad iglesia sucre

Unas raíces originarias que muchos deberíamos contemplar alguna vez. Unas raíces y cultura anteriores a 1.492 y el descubrimiento de América. Nos reímos y la conversación terminó en tópicos como “lo que nos habéis robado los españoles” y “Al menos dejamos esta bonita arquitectura allá donde pasamos” y las dos, tan contentas.  Esas cosas pasaron hace mucho tiempo, la forma de ver la vida, los derechos humanos etc no se contemplaban, era distinto, y de eso ni yo ni mis contemporáneos tenemos la culpa. Aunque deberíamos, eso sí, interesarnos más por aquello que perdura de cada pueblo con el que tenemos al menos, el idioma en común.

Camino a Marawa
Camino a Marawa

Los alrededores de Sucre nos regalaron unas jornadas de of road impresionantes con unos paisajes ya difíciles de olvidar, clavados en mi retina. Grandes bloques de granito, montañas con terrazas de cultivo, valles a más de 3.000 metros de altitud y toda una red de caminos de tierra para llegar hasta el lugar más escondido y recóndito. Allí donde la agricultura y la ganadería tienen su razón de ser para la supervivencia del ser humano.

Reflejo en el salar

La 1ª Maravilla del Mundo

De Sucre subimos hasta Potosí (3.990m ) y de allí bajamos de nuevo a Uyuni (3007m), por donde no pasamos al estar diluviando. Esta vez y por arte de mágia para el paso del dakar, la lluvia cesó, aunque el salar estaba inundado. El pueblo de Uyuni es de lo más feo que he visto en este viaje.; calles destartaladas, llenas de agua y barro, casas descoloridas, algunas casi abandonadas y un centro con un solo reloj que se alza protagonista entre tanta mugre. Un bulevar repleto de restaurantes y tiendas de artesanía esperando al incauto turista. Unos hoteles y hostales, moteles y casas de huéspedes feas, sucias, descuidadas, a unos precios que triplicaban lo normal por el paso del famoso Rally. 150 bolivianos una habitación con “baño”, por persona, un asco carísimo que me sorprendió, aunque más aún lo hizo los 80 d´lares que pedían en un hotel venido a más por unas habitaciones canijas en las que i se podía abrir las ventanas. La risa que me dio en la cara de la recepción era totalmente real, me pareció un engaño. Pero todo lo feo de este pueblucho desapareció de mi cabeza cuando al segundo día pude llegar hasta el salar. Cuando llegué a la orilla mis ojos se abrieron más que nunca, realmente estaba en el cielo, sobre las nubes. El paisaje es irreal, blanco y azul, claro como la nieve, con un espejo plano y perfecto en sus orillas. Los coches comenzaron a agolparse y la gente salía a saludarnos pensando que veníamos del Dakar.

Dos BMW hacia el hotel de sal

Y llegó el momento increíble de entrar con la BMW, Paca, en el agua salada y acelerar suavemente hacia el interior. Si dejabas de mirar al horizonte te mareabas, solo veías el agua cristalina y un fondo blanco delante, sin referencias algunas de velocidad (solo las salpicaduras que llegaban hasta mi casco). Poco a poco, como a los 5 km, el agua comenzaba a bajar, o el suelo salado a ascender, para rodar sobre una superficie de hielo, pero a más de 30 grados y sin ser tan resbaladiza. Estaba ya muy cerca de cumplir uno de mis sueños, algo que desde hacía muchos años tenía como meta: hacer una foto con la moto en el salar. esa foto que había visto una y mil veces en las portadas de los libros de viajes de Gustavo Cuervo, en las fotos de los blog de otros grandes viajeros y que yo estaba dispuesta a emular.

Dos BMW y banderas en el salar

Y si miraba a mis lados veía a unos amigos que me acompañaban, que disfrutaban tanto como yo, Andrés, Nazareno y el Sueco (que no me acuerdo del nombre) que venía mucho más atrás, muerto de miedo por la sal y el agua. Y allí estábamos en un momento mágico, rodando un al lado de otro, sin miedo, sin referencias sobre la velocidad, con un horizonte blanco, arriba y abajo, con la sal de la Primera Maravilla del Mundo bajo nuestras gomas. Mi sonrisa interior esa más grande que la exterior, con los labios escociéndome por la sal y resecos del sol. Estaba haciendo algo con lo que había soñado. Para mi, Bolivia ya me había dado todo.

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Cementerio de Trenes y comida solar

Ha sido el lugar más raro de Uyuni. Un cementerio de trenes que parecía un parque de atracciones atestado de turistas que llegan en 4×4 a las afueras dedeo pueblo. Un montón de hierros oxidados y algunos pintados, con columpios hechos del deshecho de estas máquinas y sus vagones. Un lugar raro para pasar unos minutos, antes de que la marabunta nos cercara y comenzara la ronda de fotos, ya obligada y animada por el Dakar, cada vez que parábamos.

Respecto a la comida solar es algo que me agradó y sorprendió y que por tener poco tiempo no pude indagar más, pero me encantó. Una serie de hornos solares guardaban en su interior pollos, guisos, pasteles y verduras, un fino olor salía de algunos de ellos. Una iniciativa de los estudiantes que pasaron por Colchani, el pueblecito anterior al salar de Uyuni. Un antiguo apeadero de aquel tren que llevó el oro blanco hasta los confines de América.

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Y de nuevo en el feo Uyuni en el que descansar el sábado fue imposible al haber llegado al gran fiesta del Dakar. Fue divertido encontrarnos el jueves con tres franceses y uno de pelo blanco Muy Conocido, al que le enseñamos nuestros vídeos del paso por el salar y que desesperado al ver que el agua cubría hasta nuestras ruedas y pensando en alto “por ahí a más de 40 km/h no se puede pasar” se subía a un helicóptero y sin darnos las gracias, decidía cambiar el trayecto de paso por el salar.

Apeadero de Colchani

Si, nuestra aventura en agua salada bien filmada sirvió para que el francés se desesperara y cambiara una de las etapas reinas del Rally, eso queda en mi memoria. Lo siguiente enlaza con la próxima historia. El día de irnos, después de aguantar toda la noche un concierto hasta las 3 de la mañana, con sus fuegos artificiales y berridos varios, invitamos a nuestra mesa a otros motoristas, a tomar un café y charlar. Nos invitaron a conocer su tierra, “La Andalucía Boliviana” Ni cortos ni perezosos aceptamos.

No sabíamos lo que eso, nos iba a deparar…

Si quieres ver el vídeo del Salar, pincha aquí. VIDEO SALAR DE UYUNI

 

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pensamientos de 13 \"Lugares mágicos (Uyuni) y la sopa del Inca\"

  1. Alicia fue un gusto tenerte y recibirte en La Laz nos alegraste con tu visita con tu simpatia y sencillez como persona te deseamos lo mejor y ojala puedas regresar por Bolivia que tiene muchisimos lugares mas para mostrarte que estoy segura seran motivo para nuevos relatos que a tu singular manera podras realizar

  2. Alicia interesante lectura como relatas el pasar de tu viaje, me alegra que te guste parte de mi pais aun te falta mucho por recorrer y contarlo al mundo como el camino de la muerte y sus hermosos paisajes, el lago sagrado y mucho mas te deseo lo mejor en tu recorrido
    Jorge Burgoa

  3. A sido la experiencia mas increíble rodar contigo mas de 100 km en ese granizo y lluvia ,agua desbordándose por la carretera barro, tierra suelta y por fin asfalto ” Bien Venida a La Paz – Bolivia “

  4. Sigo disfrutando muchísimo con tus fotos y descripciones de aquellos lugares por donde pasas. Tienes el don maravilloso de transmitir de manera positiva y empática, a través de tus palabras, los paisajes variopintos, el mundo y las gentes que te rodean, siendo relativamente fácil visualizar parte de lo que vives y sientes…y comes!!. Ese caldito sabrosón que te estás zampando, que habrá sido un maravilloso manjar después de una dura jornada motera, es todo un ejemplo.
    !!Eres el orgullo de todas las moteras de España..,nuestra heroína y uno de nuestros mejores baluartes!! .
    Suerte en tu ruta y muchos ánimos para tí y para tus afortunados acompañantes.
    Eli

  5. Me ha gustado mucho Alicia, no solo como describes lo que ven tus ojos, que parece que uno al leerlo lo esta viviendo y tocando, sino de la manera como lo haces, tan crítica a veces, señalando lo que te gusta o no, sospesándolo todo y mostrándonos la realidad que te encuentras al pasar!!

  6. Me ha gustado mucho éste post. (Compartido, por supuesto) Aunque me corroe la envidia por dentro, al menos me llega una mínima parte de la aventura que estás viviendo. El texto lo pones tú, la imaginación hace el resto.
    Espero poder vivirla algún día!!!!!

    1. Yo he estado en moto en esos lugares también y nadie pudo describir mejor que Alicia lo que es potosí, sucre y uyuni! !
      Me encantan tus relatos Alicia

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