Durante este viaje, además de recaudar fondos para unas ONG en Nepal (Petit Mon y Amics de Nepal), estoy intentando llamar la atención sobre un tema que a todos, vivamos donde vivamos, nos atañe: la contaminación. Y esto es algo que noto y mucho, cada vez que tengo que atravesar el tráfico de cualquier ciudad en India. Su tráfico caótico-frenético es de los que más Co2 emite a la atmósfera.

El tráfico en India

¡Y no es que esté diciendo que los automóviles y las motos sean los mayores causantes del deterioro de nuestra atmósfera!, está comprobado que el metano es aún más contaminante y dañino, este gas lo libera el ganado del que comemos su carne y sus productos derivados de la leche. Si, lo que acabas de leer, las vacas contaminan más que nuestras motos y coches.

A lo que iba, os quiero contar la experiencia de lo que es moverse por una ciudad como, por ejemplo, Bangalore.

El ambiente nada mas salir del hotel y la zona de confort con aire acondicionado, es la primera bofetada: más de treinta y cinco grados, con el cielo nublado (o ese efecto hace la cúpula de gases negros que cubre la ciudad) y una humedad de más del 80%.  La ropa de la moto comienza a estar pegada a mi cuerpo, las gotas de sudor caen a través del casco y me resulta complicado ponerme los guantes.

Arranco la Ducati Scrambler y meto primera, miro varias veces a los lados, no vaya a ser que me lleven por delante, aquí se conduce como en Inglaterra, por el “lado contrario”. Me incorporo al tráfico como una hormiga más, y comienzo a avanzar entre los humos de los tus-tuc, las motos chinas, los scooter chinos también, alguna furgoneta…¡Uff! resoplo, esa cuesta está llena de camiones. Los camiones son seres vivos con mala leche. Cuando te cruzas con ellos en carretera no sabes si vienen o van (no llevan las luces nunca) y sus coloridas carrocerías llenas de colgantes, dibujos y letras, los adornan por igual en ambos extremos. Son pesados, lentos y suelen ir soltando piedras, barro, aceite y su humo espeso. Una nube densa, oscura para la que tomo aire antes de atravesar. Ellos son los amos del asfalto. Adelantan, esquivan, paran, donde les parece. Dentro de esta “raza” hay otra, mucho más peligrosa que un tigre de Bengala…los hemos bautizado como El Demonio. Son de color rojo, son largos y sucios. Llevan en su interior a mucha gente, gente que está en el infierno de su estómago de metal y plástico pasado a una temperatura de más de 40 grados, sin aire acondicionado y con unas ventanas atestadas de brazos, intentando refrigerar el cuerpo que queda libre ente el resto de seres humanos allí condenados.

El tráfico en India

Estos autobuses de transporte de personas están sucios. Sin luces. Vomitan esa nube negra. Y se mueven en el tráfico como los amos y señores. Suben las cuestas por la derecha, adelantando a su paso a todo tipo de vehículos. Se pegan unos a otros (parece que hacen competiciones) en las bajadas. Achuchan a cualquiera que les interrumpa el paso. No frenan en los badenes que ponen en los cruces, (la única manera de que aquí frenen un poco), ni en los que hay cuádruples (y te dejan sin empastes al atravesarlos). Paran en medio del tráfico para liberar a sus rehenes que saltan entre la tercera fila de vehículos, esquivando motos y carros hasta llegar a la acera y estar “a salvo”. Cuando me encuentro con estos diablos rojos, procuro escapar. Como os digo, están endemoniados.

llegando a un hotel por pista

Y así, con el calor insoportable del tráfico, de mi moto, del ambiente denso, con mil y un ojos, acelerando para escapar, frenando para no chocar, aliviada con el poco aire que mueve mi Scrambler cuando me deslizo sobre un asfalto roto y ardiente, capeo el temporal y miro adelante, al fondo, donde termina la gran ciudad y llegan las estrechas carreteras entre la jungla, más húmeda, menos ardiente…

India es un país de contrastes. De increíbles playas y templos, de toneladas de plásticos (el cáncer de la Tierra) en sus desiertas orillas. De gentes amables, de personas que hablan su propia lengua y ni idea de inglés, de mujeres que trabajan en la tierra y hombres que pescan en el caldeado Mar Arábigo.

trafico en india y suciedad en kerala

India es un país donde no existe el reciclaje ni la recogida de basura. Donde todo lo que no es orgánico se deja sobre la tierra o se quema (aún más contaminación). Un país bello, pero con una gran responsabilidad por parte de su gobierno: educar a la población.

Esto os lo cuento para que os hagáis una idea de la importancia de lo que hacen Amics de Nepal en Katmandú (vídeo)  tras el terremoto: educar a los jóvenes sobre la importancia del reciclaje y la limpieza de las calles. Enseñar a separar y clasificar, a reutilizar todo lo posible. Quizás en unos pocos años, cuando resurja de sus cascotes, Katmandú será una ciudad ejemplo para muchos en Asia. Y de esto os hablaré en persona, cuando llegue allí.

Nos quedan 35 días para finalizar el reto #AsiaEmisones0, necesitamos un empujón para llegar a los 3.000€ y que Twenergy (aquí puedes ver más noticias frescas sobre este viaje) los convierta en 6.000€. Por favor, te pido ayuda, pincha aquí y participa, léelo, compártelo. Cuéntaselo a todos los que te rodean. Es un bonito proyecto en el que estoy poniendo toda la carne en el asador y veo que no llegamos…¿me ayudas? ¿Ayudas a los niños? ¿Y por el medio ambiente, lo harías?

Gracias.

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