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Llegar a la isla de Hokkaido ha sido mucho más sencillo de lo que pensaba.  El ferry que tomábamos en la costa rusa ya era japonés. Lo primero que nota uno cuando viene, creo que desde cualquier parte del mundo occidental, es en la limpieza y orden que reina en estas islas niponas. Y eso sin haber tocado tierra. Un ferry limpio donde las butacas se sustituyen por mandas perfectamente dobladas con un pequeño almohadón cuadrado para apoyar la cabeza, todo en el suelo. Nada de mobiliario vertical. La horizontalidad de este país comienza en el barco.

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Habíamos pedido un billete en zona común. Allí, unos grandes tatamis levantados unos centímetros sobre el suelo agrupan, siempre ordenadamente, a las personas que tienen  que descalzarse para acceder a ellos, dejando su calzado en unas estanterías con pequeños  habitáculos al efecto. Pero como nunca nada en los viajes sale exactamente como se programa, tuvimos que pagar un poco más, viajábamos en segunda, la clase normal estaba completa. La diferencia con el resto de las personas de tercera, es que el tatami estaba en un departamento, un camarote de unos 60m2 en el que compartir con 10 personas el espacio. Un lavabo en la entrada ligeramente tapado por una cortina, y el escalón del tatami donde uno se descalza, con unas zapatillas de plástico para poder caminar por la cubierta. Ventanas correderas con bambú y papel de arroz que tamizaban la cruda luz mañanera de esta isla rusa.

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Rápidamente nos descalzamos y comimos de la bandeja que estaba preparada para cada uno de los pasajeros que allí nos encontrábamos: tres. Nosotros y un ruso.  Tras el raro desayuno consistente en; una salchicha de pescado (como las barritas de sabor cangrejo) una hamburguesa envasada al vacío, gelatina sabor a fresa, dos panecillos acompañados de un perfecto y práctico estuchito con mermelada y mantequilla que al doblarlo salían juntas al pan, llamaron a la puerta. Debíamos bajar a limpiar las motos.

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Nada entra en una isla sucio. Ni a la de Australia que es un continente ni a esta que es Japón. Limpiamos yo volví rápidamente al camarote-tatami para seguir descalza y disfrutando por fin de algo luminoso, limpio y extrañamente cómodo. Tras una buena siesta y un largo paseo por la cubierta, llegamos a Hokkaido. La parte final del viaje, había comenzado.

Un viaje en el que debo tener mucha precaución, se conduce por el lado contrario al occidental, un legado de los ingleses.

Esta primera isla es una delicia. Las carreteras son perfectas, el paisaje parece pintado y además está haciendo buen tiempo. Y anochece pronto. La primera de las noches nos pilló el toro. Sin saber cómo encontrar un hotel llegamos a parar cerca de un lago. Un edificio de dos plantas con un comedor en la baja hace que paremos y preguntemos por un hotel. Bingo! ahí podemos dormir. Negocio con el señor que me atiende que no habla ni papa de inglés y me rebaja el precio de 12.000 yenes a 11 mil. No es mucho, pero puede valer. Una vez en la habitación (un tatami de unos 20m2) reviso el armario de puertas correderas: futones, sábanas, edredones y toallas con los siempre presentes kimonos de hotel.  entonces nos sentamos en una mesita y zampamos lo que horas antes habíamos comprado. Preparamos nuestras camas y cuando nos disponemos a tumbarnos, yo nuera de sueño, el señor del hotel llama a la puerta y nos indica que la cena está servida…¡¡casi me muero!! si yo ya he cenado!!

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Me encanta la comida japonesa, es delicada y de sabores que comienzo a descubrir. Un cuenco de sopa de miso, (la usan para todo) trocitos de verduras en salmuera (suelen ser tubérculos), huevo hervido, pasado por agua, en tortilla. ricas algas de todo tipo, legumbres, poca carne y mucho pescado. Una dieta casi perfecta (si supieran lo que es el jamón…).

Una veces hacen carne a la plancha y otras los famosos Naves, que es el nombre del recipiente, con caldo dentro que hierve en un fueguecillo y se les echa pescados o mariscos. Y así, pidiendo lo que no sabemos en algún pueblo probé un Navi marinero. como no se leer miro al rededor a ver qué comen otros y pido lo mismo señalando. Y el de al lado se estaba metiendo una sopa con almejas…. La trajeron a la mesa y tenía almejas y mucho más, algunas setas, puerro, cebolla, trozos inexactos de pesado muy gelatinoso y unas bolitas que parecían sesos. Lo probé todo. Luego me dijeron lo que eran esas bolitas: semen de animal marino…muy rico, vaya!

Y de nuevo a cruzar de isla para llegar a la de Tokio, desde donde haciendo un recorrido hasta el sur para visitar Kyoto (uno de mis sueños es vestirme de Maiko) y llegar a la gran ciudad, Tokio, desde donde regresaré a España en unos días.

Los japoneses tiene todo limpio, ordenado y ni un solo centímetro de tierra se desaprovecha. donde no hay una carretera perfectamente asfaltada, hay un campo de arroz perfectamente sembrado. Sus coches con pequeños y todos híbridos. Las ciudades son tranquilas y casi sin ruidos. Se paran en los pasos de tren incluso aunque sea con barreras y esté abierto. Nadie pita en los atascos, aunque también hay que decir que conducen mientras enredan con el móvil. Menos algunos, todos los vehículos son automáticos. Los llevan siempre relucientes y nunca los ves, cosa extraña, aparcados en la calle. Sus parkings están en los pisos superiores de los edificios…

Son educados y distantes, aqune tiene  sentido del humor y una conciencia enorme de sociedad.

Siguiente parada, Kyoto….

 

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Así terminaba el viaje más largo por tierra firme.
  La BMW F700GS, bautizada como Ulán en honor a la capital de Mongolia,y yp, acabamos de llegar a  tierra nipona. Tras un largo viaje…
  Después de estar más de un mes y medio en Japón, desde la Isla norte de Hokkaido hasta el sur de la isla de…

pensamientos de 8 \"TOKIO ISLAND: primeras impresiones sobre ruedas.\"

  1. Estoy muy feliz por otro paso completado por ti! La tierra del sol naciente debe ser encantadora. e todo lo que vas relatando me hace soñar. Muchas gracias! y la continuación de un gran viaje

  2. Lo conseguiste, objetivo cumplido, Tokio tradición y modernidad, ahora toca disfrutar de una capital con encanto, la recompensa por lo sufrido…, que suerte!!

  3. Que pasada, siempre que escucha hablar gente de los japoneses cuentan los mismo, interesante cultura, con sus cosas malas, pero muchas más buenas, sobre todo en lo social.
    Cuantos kms lleva ya Ulan?

    Disfruta del viaje 😉

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