Si crees que hay una moto para cada manera de vivir el motociclismo, si crees que  probar las cosas en sus lugares de origen es la mejor manera de conocerlas, si crees que aún quedan países para vivir aventuras…no puedes perderte este viaje, la perfecta comunión de una motocicleta con su medio natural: Rodando en Royal Enfield por la India, un viaje a la RiderMania que nunca podré olvidar.

 la RiderMania, una manera de llegar por la CostalRide en una Royal Enfield
la RiderMania, una manera de llegar:  por la CostalRide en una Royal Enfield

Salí de Madrid en un vuelo con unos veinte minutos de conexión en Londres para llegar ese mismo día a Bombay, pero el destino me puso una zancadilla, mi vuelo llegó con retraso: tenía sólo 20 minutos para hacer la conexión en el aeropuerto de Heathrow. El tren que me llevaba de una puerta a otra no fue lo suficientemente rápido y perdí la conexión.

Pasé la noche en uno de esos hoteles que ponen las compañías para volar al día siguiente muy temprano hacia Bombay (Mumbai). Aterrizaba doce horas después, a las tres de la mañana me metía en la cama, y cuatro horas más tarde, estaba desayunando en la misma mesa que otras nueve personas desconocidas para mi. Los riders que Royal Enfield había invitado a la #CostalRide, una ruta bordeando el Mar Arábigo desde Bombay hasta Goa, donde se celebraría en una semana, la gran fiesta de los amantes de esta mítica marca india: La Ridermania.

Parada en una parte del camino hacia la RiderMania con todo el quepo de Royal Enfield
Parada para refrescarnos hacia la RiderMania con todo el equipo de Royal Enfield

Dia 1: Bombay-Guahar, 275 kilómetros.

Con algo de jetlag y mucho cansancio acumulado, el responsable de Royal Enfield que venía con nosotros, me daba las llaves de una Classic, la misma que había conducido dos días antes en Madrid.

—Alicia esta es tu moto, ¿Te importa dar una vuelta por aquí antes de salir?

—Claro, como no, ¿es que quieres ver que se conducir bien?

Esto lo dije, pero me quedé pensando: “vaya, no se fían de que pueda llevar esta moto hasta el final…”

Lo peor de todo, es que para mi, lo más complicado son siempre las maniobras en parado, así que no quedaron muy convencidos de mi habilidad sobre ruedas al verme a trompicones en el reducido espacio del parking del hotel.

Tras escuchar (que no entender) las indicaciones de nuestro road líder, salíamos a carretera. Lo único que pensé en esos momentos fue en concentrarme en el tráfico de la gran ciudad, Bombay, donde se conduce por el “otro lado”. Me estuve fijándo bien por dónde circular al tomar una rotonda, o al girar en un cruce. Esto unido a la caótica manera de conducir en este país y bien mezclado con el miedo a perderme (ya que iba sin mi adorado GPS), junto con mi cansancio, hicieron que el viaje empezase a parecerse a una gran aventura en vez de una simple ruta de norte a sur.

Al cabo de una hora de autopistas desordenadas y un tráfico caótico en el que el hacer sonar el claxon es la manera de indicar tus  maniobras, salíamos de Bombay. No me perdí por el camino y pese a no conocer de nada al resto del equipo,  se notaba que cada rider estaba pendiente de su retrovisor. Me sentí arropada.

Poco a poco las carreteras cada vez eran más pequeñas y la proximidad del mar se deducía gracias a la humedad en el ambiente. Cruzamos preciosos pueblos llenos de color, vacas en la carretera  y basura en los arcenes. India nunca me dejó indiferente y en esta ocasión, la quinta que visitaba el país, no iba a ser diferente. El haber podido tratar con gente de aquí, que nunca había tenido el gusto, fue todo un reto, una aventura añadida.

La Royal Enfield se mueve con soltura entre las curvas del puerto.
La Royal Enfield se mueve con soltura entre las curvas del puerto.

Una bella carretera de montaña, llena de divertidas curvas hizo que me relajase sobre la Classic que ya a esas alturas dominaba con soltura. La velocidad media en este tipo de carreteras no era alta (máxima de 80km/h) y me comenzaba a dar cuenta que estaba perfectamente integrada entre todos ellos. No retrasé a nadie, no me perdí, formaba ya parte del “CostaRide” Team.

Una deliciosa ruta de curvas con subidas y bajadas de un ligero puerto nos acercaba aún más a nuestro destino. Paramos varias veces para refrescarnos y tomar algo. Risas y buen rollo entre botellas de agua y mi abanico, que es protagonista por unos momentos. Parakram, parte de la organización del tour que cierra el grupo, fue mi primer contacto en este viaje y sería mi puente para conocer al resto. Un hombre con una gran disposición y control de su trabajo que estuvo pendiente de todos en cada momento. Una persona divertida, siempre con una palabra amable, resolutiva y con mucha personalidad.

dia 4. pescadores
Ríos llenos de pescadores, un sueño rodar con Royal Enfield por el sur de la India

Finalizabamos la primera jornada en un pequeño pueblo al lado del mar. No habia comido nada en todo el camino, estaba muerta de hambre y mientras pedían algo de comer, el que sería otro gran compañero de viaje, Vikrant, se ofreció para acompañarme al centro de la población y comprarme una tarjeta con 3G. Así estaría  conectada. Caminamos más de un kilómetro charlando sobre política y religión en su país, en chancletas. Me llevé una ampolla de recuerdo de la caminata.

Cuando regresamos ya era de noche y estaban todos en la playa, casi a punto de cenar. Yo lo que necesitaba era darme una ducha y descansar, para mi no eran las siete de la tarde sino las doce. Estaba realmente cansada y decliné su invitación a cenar en la playa. Caí en menos de un segundo en los brazos de Morfeo. Esto me dió una ventaja, por la mañana me desperté antes que nadie, lo que me permitió reconocer la zona y prepárame tranquilamente.

 una parte del camino hacia la RiderMania con todo el quepo de Royal Enfield
Vistas desde mi hotel, palmerales llenos de cocoteros.

Día 2: Guhagar-Ambolgad, 140 kilómetros.

Mi maleta estaba junto a la moto, mi casco limpio y yo con la ropa de montar, puesta. Me di cuenta de que iba demasiado deprisa y que en esta rodada, la tranquilidad y el disfrutar cada minuto de lo que nos rodea, era indispensable. De nuevo cambié el chip de mi cabeza y lo dejé por fin en “modo viaje”.  Recordé los bonitos paisajes del día anterior, desde las verdes montañas hasta los campos de trigo dorado por el sol del final del verano. El color de los vestidos de las mujeres, los olores tan profundos de la India…

Me quedé contemplando un frondoso campo de palmeras cocoteras que hay frente a la puerta de mi habitación. Los riders poco a poco, se estaban preparando para salir. Parakram se preocupó de que estubiera bien y hubiese descansado. Las motos, gracias a un coche de asistencia que lleva nuestras maletas y dos mecánicos de la marca, estaban cada mañana en perfectas condiciones. La ruta resultó magnifica, circulamos en paralelo a la costa, entre enormes manchas verdes de palmeras y selva tropical.

Camino hacia la RiderMania con todo el equipo de Royal Enfield
Cruzando uno de los puentes, camino a la Ridermania en Goa

Cruzamos el primero de los anchos ríos de esta zona en un pequeño ferri, sería una jornada de gran belleza paisajística y pocos kilómetros que nos haría llegar al anochecer. Habíamos cruzado en ferry,  parado a tomar algo para comer.  Habíamos rodado por pequeños caminos asfaltados, hicimos fotos y como premio tuvimos  un lugar idílico para descansar, pegado al mar. Nuestros faros alumbraban los últimos kilómetros antes de nuestro destino final, una hermosa casa frente a una playa desierta.

“Esta noche me apunto a lo que sea, no voy a dejar pasar la oportunidad de conocer a estos tipos de la CostalRide”, pienso.  Me encontré de nuevo con fuerza y bien descansada. La noche cayó sobre nosotros mientras mirábamos el mar con una caja de cervezas y comida de picoteo, hermanamos nuestras vidas, reímos y repasamos las anécdotas y fotos que hemos realizado durante la jornada.

Camino hacia la RiderMania con todo el equipo de Royal Enfield
Camino hacia la RiderMania, disfrutando de las vistas de la playa virgen de los 7 kilómetros.

Día 3: Ambolgad-Malvan, 110 kilómetros

De nuevo casi fui la primera en levantarse, uno de los grandes bloggers que viajaba con nosotros, Shekhoo,  al que podéis leer en inglés aquí (recomiendo este artículo) ya estaba preparado. Es un hombre parco en palabras, pero muy amable en su trato.

Tengo que decir que todos, sin excepción, son hombres realmente educados y cariñosos.

Me tomé con calma la salida, pedí el desayuno, vagabundeé por la hermosa playa y al final, decidí acompañar a   Shekhoo y Jaskirat, (este último todo un caballero Sij o Sikh, como se escribe en inglés). Dejamos las motos en un lado de la carretera y caminando detrás de un improvisado guía local, llegamos hasta el acantilado desde el que se divisaban los siete kilómetros de la playa virgen más hermosa del camino. A vista de pájaro, frente a nosotros, el Mar Arábigo en todo su esplendor.  Agua cristalina, libélulas revoloteando y un calor…que invitaba a tirarse desde ahí al mar y ocupar esa increíble playa. Los minutos frente a este espectáculo natural permitieron que  pensara, una vez más, en la suerte que tenía de estar ahí en ese momento.

Fotos con grupo de mujeres al lado de un puente

A la vuelta Jaskhirat, me ayudó a sacar la moto de un pequeño atolladero en el que me había metido para aparcarla fuera del asfalto, maneja la Classic como si fuera una bicicleta. Debido a mi curiosidad me acabo enterando que en su familia siempre han manejado Royal Enfied, ha nacido entre ellas. Cada persona de este grupo tiene una gran historia tras de sí. Me da mucha rabia no poder hablar mejor en inglés, les preguntaría millones de cosas más.

Salimos para recorrer unos cien de kilómetros y cruzamos en dos ocasiones grandes ríos. Unas lenguas de agua dulce anchísimas que se reúnen con el mar a pocos metros de nuestro embarcadero. Entre que llegaba el transportador y salían los otros vehículos, nosotros preparamos nuestras motos. Las fotografías iban haciéndose a la vez que se creaban unos los lazos invisibles entre todo este grupo de personas que rodábamos juntas.

Viajando hacia la RiderManía, en una Royal Enfield

“Es la magia de la moto”, pensé. Siempre será así, aunque solo tengamos en común el amor por el equilibrio.

Continuamos el camino que ese día nos llevó a un lugar paradisiaco, con arena en vez de cemento bajo nuestros pies. La confianza entre nosotros era cada vez mayor.  Paramos a hacer fotos, nos adelantábamos durante el camino. Me sentí como uno más. Me gustaba esa sensación de estar ahí, de formar parte de ese increíble grupo.

Y la noche se transformó en una de las más divertidas del viaje. Comida en abundancia, unos vegetarianos y otros no, con chupitos de un ron indio muy dulzón y grandes dosis de cerveza. El incomparable Parakram, puso la risa encima de la mesa y todos la aceptamos con gusto.

 Rodando por la playa con la Royal Enfield
Rodar por playas desiertas en la Royal Enfield es un sueño hecho realidad

Día 4: Malvan-Vagator, 105 kilómetros.

De nuevo en el camino, ya quedaba menos. Tan sólo unos pocos kilómetros para llegar al evento de la RiderManía. La Royal Enfield es una moto perfecta para este tipo de viajes, ideal para las irregulares carreteras de india.  Su motor cuenta con unos bajos increíbles.  Con su motor puedes ir conduciendo en cuarta y aunque frenes de golpe en los omnipresentes y elevados badenes, no se cala.  Recupera velocidad al ritmo de sus vibraciones, con un sonido particular del que nunca podré olvidarme.

Es una máquina rústica, sin electrónica ni ABS, ideal para vivir como nunca la moto, de una manera auténtica. La posición al manillar es muy cómoda, con la espalda recta, el asiento mullido para absorber aún más los baches. Las ruedas grandes hacen que salga airosa de cualquier tipo de terreno.

Sensacion de libertad rodando en la playa en una Royal Enfield
Rodar por playas desiertas en la Royal Enfield es un sueño hecho realidad

Viajaba arropada por Vikram y su amigo inseparable, Shrikar, un genio del diseño y dibujante con Rotring de oníricas escenas y mandalas, que en una de esas tardes de relax con las motos ya aparcadas, comparte conmigo.

La proximidad con la costa hacía que se me pegasen los pantalones, que sudara la gota gorda y que aceptara de buena gana, cada ardiente té que tomábamos en el camino. Todos estaban al tanto de todos, nadie se había perdido ni una sola vez. Nadie se habia quejado de ninguna parada imprevista, todos habíamos aprovechado para hacer fotos; algunos para fumarse un cigarro, otros para subir una imagen a Instagram y compartir la agradable sensación de libertad que daba este viaje por India, en una Royal Enfield.

Camino a la Ridermania en una Royal EnfieldClassic
Camino a la Ridermania en una Royal Enfield Classic

Cuando tomamos el último ferri, la compañía de otras Royal Enfield nos confirmaba que estábaámos ya muy cerca del gran festival de la RaiderManía, en pocas horas estábamos disfrutando de esa fiesta que unió a todos los motociclistas amantes de estas máquinas. Unos motores que comenzaron a producirse allá por 1900…

 

 

(Continuará en el siguiente post. recuerda: los Blog, se nutren de tus comentarios. Gracias)

 

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