Esta es la historia de la cena con el expresidente de Bolivia, a veces los viajes te permiten encontrarte con gente de todo tipo y en este caso, con un expresidente….

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Tarija, una región del sur oeste de Bolivia, llamada la “Andalucía Boliviana”, una tierra de flores, viñedos, palmeras, sauces y con un río enorme que se llama Guadalquivir no ha dejado de sorprenderme ni en el momento de marcharme. Más que nada, porque he tenido que dar la vuelta con mi flamante BMW cargada hasta los topes a unos 150 km de allí camino a Santa Cruz. Un río desbordado de más de 10 metros de ancho cortaba la pista (no he querido ni saber la profundidad). Así que gracias a la lluvia he vuelto al hotel del matrimonio de Mónica y Christian (Los Ceibos, un cuatro estrellas magnífico) donde tan amablemente me invitaron a hospedarme, volviéndolo hacer. Ahora diluvia fuera de la habitación y la piscina azul se va a desbordar también, igual que el río. Lo bueno de esto es que me da tiempo para escribir y contar lo que ha sido una visita a un ilustre presidente. Anoche, fui invitada a pasar una tarde con Jaime Paz  Zamora, Presidente de Bolivia del 1989 al 96.

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Para llegar al Picacho (es la piedra de la foto), la hermosa casa de la familia Paz, hay que atravesar dos pequeños pueblos desde Tarija. Uno de ellos, San Lorenzo, tiene una curiosa historia; la mayoría de sus habitantes son pelirrojos. Esto es muy extraño aquí, donde la tez morena y el pelo negro es la tónica general. Unos dicen que fu el legado de un cura español (¿pelirrojo?, me pregunto mientras me lo cuentan con guasa), otros, dicen que son los descendientes de un grupo de irlandeses que batallaron junto a los españoles hace más de 200 años, esta teoría, me encaja más. Pasada esta encalada población giramos por un camino empedrado a la derecha. Al fondo una enorme puerta azul añil, perfectamente cuidada, nos cierra el paso. A su derecha un bonito cartel de bronce con un pájaro que reza: EL Picacho.

Para entrar, Rodrigo Paz  (hijo de Jaime y actual Presidente del Consejo de Tarija) aparca su BMW F800GS, empuja la puerta cerrada, nada. Se asoma por el muro de piedra y golpea una pequeña cabaña de madera, nada. Llama por teléfono a la casa, tras unos segundos de espera, nada.

Al final, tiene que saltar el murete cual jovenzuelo colándose en casa de su amada. Las puertas se abren y las dos F800GS y mi F700GS, Paca, entramos. El suelo empedrado al estilo portugués nos lleva entre unas casitas blancas llenas de buganvillas exultantes de flores violetas y rosas hasta una plazuela. Paramos los motores y bajamos. Dos chiquillos nos dan la bienvenida, son los hermanastros de Rodrigo, hijos de Jaime y su segunda mujer, mucho más joven que él.  Al instante sale ella, morena, fina, madre que riñe a los niños y los hace marchar. A su lado un hombre con un bastón (le acaban de hacer unas infiltraciones en la rodilla) con la cara quemada aunque ya son cicatrices antiguas. Sonriente nos da la bienvenida, nos ofrece su mano y yo le doy dos besos, a la española. Nos invita a pasar a uno de los patios de la casa.

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Esta casa,  El Picacho, tiene una bonita historia. Está a la orilla del Guadalquivir y la compraron a unos titiriteros que la ocupaban hace más de 30 años. En la restauración se encontró una viga con la inscripción 1832 (creo recordar) lo que la hace antigua, mucho, con más de 200 años y aunque a la orilla del río, está sobre piedra, por lo que se ha mantenido casi intacta, alejada de la humedad de la tierra.

En la terraza nos espera una mesa de madera maciza de una sola pieza, como otras que ocupan patios o estancias de la casa, muy apreciada por el Presidente, como lo llama el asistente de su primera mujer, Carmen Pereira que también nos acompaña. Mujer de la que podría escribir mil libros, gallega, viajada, vivida y amante, como yo, de los buenos caldos, activista en su época moza, guapa y muy inteligente. Nosotras conectamos el primer día y espero, volverla a ver y disfrutar de su compañía y sabiduría, es una mujer espléndida que guarda mil historias.

Sobre la mesa, vino blanco, pan de soda, queso  y varios jugos: de cebada tostada, típica de allí y durazno (melocotón). En Bolivia, como en casi toda América del Sur, son aficionados a los zumos o jugos, como los llaman ellos. La conversación comienza a fluir y Jaime se interesa sobre las visiones de Andrés, chileno que viaja a mi lado y la mía, sobre su país. Escucha atento. Mientras Andrés habla yo escudriño ese rostro, el de una persona que ha llevado la responsabilidad de todo un país. Me interesa saber el porqué de sus quemaduras y Carmen, en un momento en el que nos levantamos a visitar la hermosa casa, me lo cuenta. Fue el único superviviente de un accidente de avioneta (o atentado) en 1980 en el que viajaba el anterior vicepresidente.

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Su mirada es seria, inteligente y ávida de información, aunque ahora ya relajada por eso de no ostentar el poder o la obligación de tenerlo. Sigue hablando con nosotros mientras visitamos las estancias de la casa de altos techos y vigas de madera de una pieza, impresionantes. Su despacho está en un ala de la casa, una esquina privilegiada por las vistas al río, por dentro esta cubierto de madera, podría ser un camarote o un lugar para jugar al póker de manera clandestina. Una terraza en la parte de arriba con las hermosas vistas del río completan este lugar de dos plantas. Por todo el jardín y los patios hay poemas y frases que algo tiene  que ver con el lugar donde se encuentran. La casa es blanca, con buganvillas y jazmines, flores y palmeras con una tierra de cultivo al fondo para comida del ganado y la caballeriza. Por la vereda de este Guadalquivir, Jaime cuenta que hizo traer todo tipo de árboles creando un paseo mágico de pinos canadienses, japoneses, chopos, abedules, hasta un laurel del Vaticano…

Seguimos paseando por el perímetro de la casa pegada al río, el Picacho se contempla perfectamente desde aquí, es una piedra caliza enorme, en medio del río, curiosa rojiblanca. Allí se daban cita los guerrilleros cuando se dispersaban tras un ataque o una incursión en Tarija. Esa roca ha contemplado la historia de las luchas entre españoles e indígenas y más tarde entre criollos y españoles.

 

Continuamos caminando Andrés, Rodrigo y yo, unos cipreses me indican que ahí puede haber un Camposanto, pregunto a Rodrigo y me señala unas cruces, así es. Ahí descansa la familia Paz Zamora, dedicada desde sus bisabuelos a la política y a la defensa de sus ideales. Al final del paseo cerca de un gigantesco árbol con un poema a sus pies, una pequeña cripta con una cruz hecha con clavos largos en su interior. Es la tumba del hermano de Jaime, Nestor. Fue un guerrillero del Ejército de Liberación Nacional, muerto en las guerrillas de Teoponte el año 1969. Murió, según me cuenta su sobrino, de inanición escondido en las selvas al ser cercado por los soldados enemigos.

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La campana

De vuelta a la mesa pregunto por unas campanas que hay frente a nosotros colgadas de unas maderas. Jaime me cuenta que las tocan y que una, pequeña, tiene una historia: la compró en un puesto de la calle en Bélgica y cuando la fue a limpiar resultó ser de un crucero acorazado que sirvió durante la Segunda Guerra Mundial a la Alemania Nazi. Lo bautizaron con el nombre de Admiral Graf Spee, entre otras cosas, intervino en la Guerra Civil Española en 1936 y 37.  Tras un bombardeo con la armada británica en la Batalla del Río de la Plata en el 39, hizo escala en Montevideo para arreglar sus desperfectos donde por motivos de la guerra, fue echado a pique por su comandante, desguazado in situ. Aún hoy en día se pueden ver sus restos en esta costa, y su campana en el Picacho tras haber viajado de nuevo a Europa.

Sentados de nuevo en la gran mesa del patio principal Jaime nos invita a visitar el interior de la casa: las paredes están adornadas con bellos cuadros de pintores reconocidos y algo que me llamó la atención, piezas de la vajilla de Simón Bolívar (unos platos y fuentes preciosas de Limoge). También un espejo antiguo, decorado de cristal, de esos que tenían que traer en burro, según me contaba el anfitrión haciéndome imaginar en este caso, la responsabilidad del que llevaba al burro y descargaba el preciado objeto sacado del barco que llegaba desde Europa. De nuevo comenzamos una conversación en la que las preguntas más impertinentes por mi parte, son esquivadas con asombrosa naturalidad y elegancia.

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Por fin una en la que se explaya: ¿Qué se siente siendo Presidente?

Jaime contesta que es una gran responsabilidad y que se daba cuenta cuando viajaba en su coche oficial y veía por la ventanilla a la personas que trabajaba, tirando de un carro, yendo a pie hasta muy lejos, entonces, dice, es cuando me daba cuenta que era responsable del bienestar de estas personas anónimas y daba gracias por donde le había  tocado estar. Habló orgulloso de que su mandato fue tranquilo, sin muertes, tras muchos años de gobiernos con atentados, narcotráfico y accidentes políticos. Continuamos charlando y una pregunta sobre Estados Unidos se cuela entre la conversación. Jaime conoció a Bush padre, pero ahí termina la frase, no quiere continuar. Carme mete baza y explica algo de un espía .. nada, Jaime cambia de conversación.

Se ha hecho de noche, son más de las ocho y la pierna del Presidente pide descanso. Nos despedimos de la casa, del Picacho, de él. Ha sido un placer conocerle de cerca a él, a su ex mujer a su hijo Rodrigo y a su familia.

Gracias por la amabilidad en el Picacho, en Tarija…. volveré!

Habíamos intentado cruzar el puerto una vez, pero la nieve no nos permitió el paso, y aunque hubiésemos pasado, no sabíamos si podríamos volver. Pero…
Ya finaliza este periplo del Desafío Carreteras Míticas. Han sido días de trabajo, grabaciones y fotografías, de charlas y ayuda social, como no. Esto de…

pensamientos de 8 \"La cena con el expresidente\"

  1. Me encanta andar en moto. Lo descubrí de grande. Cuando te vi en un programa en la tele te busqué en internet. Y al conocer un poco más de tus andanzas con tu BMW me resultó fascinante. Si tuviera 20 años menos, una moto de viaje y me aceptaras como compañero de viaje me enamoraría de ti con pata y todo. Por que además de tu espíritu aventurero tienes una sonrisa espléndida y unos ojos muy bellos.

  2. Muy bonita tu historia Alicia, esos reportajes enriquecen aún más tu extraordinario viaje y no haces viajar contigo.
    Ya se te echa de menos por los Madriles. Continúa y sigue disfrutando.
    Un besote…………………..Pepe

  3. Sigo diciendo o mismo, aunque me repita, parece que estamos alli comiendo con vosotros y paseando por tan bonito lugar.
    Estoy desando que vuelvas a España y nos lo cuentes de viva voz. Pero cuando vuelvas se acabaran otras nuevas vivencias . Prefiero que vuelvas.

  4. En efecto, Alicia, fueron muchos los irlandeses que abandonaron las islas británicas para poder practicar el catolicismo sin cortapisas, por ejemplo rumbo a España, donde gran parte se enrolaron en el ejército.
    O´Donnell, que llegó a gobernar España a mediados del Diecinueve, fue descendiente de ellos.
    Y Murphy, el quizá mejor ajedrecista de la historia, fue descendiente de irlandeses que emigraron a España y de aquí, colonizaron Luisiana cuando era española.

    Fueron bien recibidos los pelirrojos, pese a que Quevedo nos cuenta que en su época, en este país se decía sobre los “bermejos” de pelo: “ni perro ni gato de aquella color” 🙂

  5. Excelente relato Alicia, parece que estuve ahí, por la manera en que cuentas la historia, hasta sentí que me mojaba el río mencionado. Sigue contándonos tus aventuras para disfrutar de tus viajes sin salir de casa, cuentas con nuestra compañía y admiración. Un abrazo desde Guadalajara, Jalisco, México.

  6. Qué decirte Alicia… Otra historia estupenda. Estoy de gira, y en la habitación del hotel desde donde te escribo casi no quepo porque no me deja espacio la envidia y las ganas de seguirte que me genera leerte.
    Un beso grande. Se te echa de menos!

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