El lunes comenzó una nueva manera de devolver la energía buena que he recibido durante el viaje pasado. Desde que llegué a México he intentado a hacerlo. Se trata de entretener, abrir una ventana, mostrar lo que yo he visto a través de un vídeo y unas fotos… La verdad que dar una conferencia sobre algo que te emociona es sencillo, siempre encuentro alguna nueva anécdota, algo diferente que transmitir que las hace a cada una diferentes, únicas…

Soy incapaz de aprender como un papagayo lo que tengo que decir…se lo que voy a contar y me encanta que, dependiendo del olor del lugar, del tipo de murmullos de los asistentes, de la luz y el espacio, se me ocurran unas y otras cosas. Claro que también puedo hacer una “por encargo” aplicando el conocimiento para enfocarlo a algún tema especial como ya me han pedido: energía en el mundo, la superación del viaje, los animales y paisajes…da igual, me siento bien con un P.P detrás de mi en una pantalla grande o pequeña.

A lo que voy, ahora estoy dando una serie de conferencias gratuitas a través de la Fundación Maná. Desde esta fundación se trabaja con la inserción de presos mediante la cultura, la lectura, el cine o la magía…y ahora a través de los viajes.

La sensación de dar una charla sobre un viaje a gente que lleva años tras las mismas paredes resulta un poco trágico, estaba nerviosa como nunca, pero los presos que se acercaban a ayudarme con el sonido y la imagen no llevaban en su cara escrita el delito. Son gente normal y corriente, por fuera.

Os voy a contar lo que sentí cuando pasé la primera puerta:

Me pareció un edificio enorme, rodeado de vallas metálicas, de esas en forma de caracol que cortan con mirarlas, me recordaba a alguna pelo americana de esas en las que los presos inteligentes se escapan por un túnel hecho con una cucharilla de café. Ahora entiendo…es imposible saltar los muros.

Las cárceles españolas disponen de un diseño de bloques paralelos, con patios entre ellos, cada módulo y dependiendo de lo alejado que esté o no a la entrada principal, guarda presos con delitos más o menos graves. A algunos no los pueden poner con otros, por si los matan a palos, como los violadores, pedrastras… Entonces mi mente empujó a mi boca a soltar una pregunta:

¿qué tipo de presos estarán en el salón de actos escuchándome? por dentro me daba un poco de miedo…

E
El escenario

Estarían y estuvieron todos los que quisieron ir, sin distinción y la verdad es que la sala se estaba llenando y era de las más grandes en las que he contado algo… Como os contaba, me vinieron unos cuantos a ayudar. Entre sube el volumen y conecta este cable, las típicas preguntas: y tú, ¿por qué estás aquí?

De las personas a las que le pregunté, todas eran inocentes, uno por un fallo judicial, otro en preventiva por supuestamente aseisnar a una persona (glup, dejo de preguntar).

Por fin estaba en un recinto cerrado con más de 50 hombres convictos…me va la emoción, que queréis que os diga…

La verdad que todo fue increíble desde el primer momento. Charlé, bueno, contesté a las preguntas que me hacían tres chicos morenos, de América del Sur, simpáticos y descarados. Cuando por fin se apagaron las luces, el silencio envolvió la sala…increíble!

Después, durante la presentación con las fotos todos participaron, me preguntaban desde cuánto cuesta la moto hasta cuanto tiempo anduve por ahí, si iba sola, si me pasó algo… Cada vez que subía por el pasillo me miraban a la cara, cada vez que daba la vuelta…escuchaba sus silbidos, a lo que yo respondía por el micro con unas gracias por subirme el ánimo..

Y tras dos horas de “encierro” dentro de un viaje, me despedí. La experiencia ha sido tremenda y no la última, aún me queda visitar Alcalá-Meco y la cárcel de mujeres.

Ya os contaré…

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