Comienza el camino de tierra

Estamos en la región de Valparaíso y realmente este nombre suena bien, vamos a hacer la ruta desde Santiago de Chile a Los Vilos  en la costa. Lo de Valparaíso suena tan bien como la realidad, los amantes del off road en este país, Chile, tienen campo para hartarse. Este fin de semana hemos preparado (bueno, me han preparado) una buena ruta, de nivel 1, es decir, que ha sido “facilito” el camino. Comenzamos en Santiago de Chile por la Ruta 5 hacia el norte. En unos 100 km salimos de la autopista y pasamos a carretera, mucho más divertido por las curvas y entretenido por la cantidad de pueblecitos y gentes que vemos por el camino.

 Sobre puentes de madera

Tras otros 60 km de curvas y pequeños puertos llegamos al desvío que nos interesa, puro camino de tierra. Van a ser menos de 100 km, aunque vamos a tardar más de tres horas en recorrerlos. Estoy notando varias cosas, la moto es nueva y aunque similar a la mía, la nueva F 700 GS se conduce de manera distinta; el doble freno delantero hace que suelte la maneta derecha por completo, la frenada es mucho más fuerte y no me interesa caerme por una frenada en seco, por otro lado,  es más alta que la mía y eso tiene una ventaja y un inconveniente para mi. Ventaja: voy mucho más despreocupada de lo que pisan mis ruedas, para golpear el cubre-cárter (protegido y mucho por Touratech) tengo que pasar por encima de piedras muy grandes. Inconveniente: no llego al suelo y en según que momentos en los que necesito echar pie a tierra me entra el mieditis… menos mal que en el fondo, se que voy segura ya que este viaje está completamente asegurado por Generali. El león alado que me acompaña y guía desde la delantera de mi BMW.

Subiendo los caracolillos

El camino es genial, largo, polvoriento, con zonas de tierra roja, zonas de tierra suelta y finita, alguna bancada de arena nada profunda, rectas interminables entre cactus y cardos gigantes y al fondo, una colina que debo subir. Paramos para hacer fotos y vídeo, paramos para respirar aire puro, para descansar los brazos y beber agua, el calor es elevado, más de 35 grados, ¡esto es el desierto! La colina cada vez se acerca más y se que ahí, voy a pasarlo mal. Pronto tengo que afrontar esta subida, es estrecha, con curvas reviradas en pendiente y con mucha arena suelta en el centro de ellas. Subir resulta más o menos fácil, la moto va cargada con la tienda, mi ropa y el material de emergencia como herramientas y un kit anti-pinchazos, “Paca” que es como la he bautizado en honor a mi fallecida abuela, se comporta perfectamente, sube con brío en segunda. Cuando por fin corono la colina, veo lo que me espera. Bajada, mucha bajada hasta el valle. Una bajada con “caracolillos” como los que acabo de subir, y esto me da mucho más miedo que la subida. He perdido mucha práctica tras seis meses en España casi sin tocar la tierra y esto me está pasando factura. Los Continental TKC 80 son perfectos para este terreno pedregoso y arenoso, pero mi pericia como piloto off road está disminuida, que ganas de volver a coger confianza y dar más gas!!.

hacia el desfiladero

Andrés me explica la técnica en estas curvas en bajada, por el borde, despacio, rozando el freno trasero…me tiembla el cuerpo, el precipicio que hay a mi derecha es muy grande. Miro al centro de la curva, me paro. Esta vez necesito ver como baja Paca, sin mi. Andrés que es todo paciencia se sube sobre ella, ahora mi BMW parece una bicicleta. Poco a poco me explica la posición del cuerpo, de la vista y de la moto. Baja la curva tan fácilmente que mi miedo parece estar fuera de lugar.

De nuevo subo encima de Paca y continúo, la siguiente curva revisada en bajada es mía, trazo bien, freno mejor y lo supero, ya está, me digo. He aprendido la técnica y ahora la práctica.Tras el puerto llega el valle y con él un tramo de asfalto entre fincas con sus perros guardianes. Gracias a Dios los árboles cubren con sus sombra esta parte y nuestro cuerpo desciende unos cuantos grados de temperatura.

Saliendo del túnel

De nuevo otra subida, ahora, me dicen, vamos a pasar dos túneles muy estrechos, el primero está asfaltado, el segundo no. Es divertido, es tan estrecho que hay que esperar fuera a que un semáforo nos permita el paso para no colisionar con alguien que venga en la otra dirección. Mientras, tomamos cerezas de un puesto que inteligentemente está bajo el semáforo. Tras seis minutos de espera, entramos en el túnel, de uno en uno. Es largo y a la derecha corre un canal con agua. Se tarda más de un minuto en cruzarlo. Al poco, el asfalto desaparece y volvemos a subir por una pista bastante ancha y de duro firme. Al llegar al segundo túnel me avisan: no está asfaltado, ojo con el lado derecho que puedes caerte a la zanja con agua. ¿Y si viene uno de frente? aquí no hay semáforo. La solución es parar o seguir si has entrado antes.

Borriquitos salvajes

Me río para mis adentros y espero no tener que hacer ninguna maniobra dentro del angosto túnel. Primera, segunda y para delante. Los ojos se acostumbran rápido a la oscuridad desvelada por las largas de mi faro delantero. El firme es muy irregular, paso varios socavones. Al fondo veo la luz, delante veo unos agujeros gigantes llenos de agua y rodeados de gravilla, acelero, no se si son profundos o no, pero no quiero caerme dentro para comprobarlo. Paso por ellos salpicando, me mojo las piernas y hasta el casco. Tras el tercer agujero inundado, salgo del túnel, ¡prueba superada!. Continuamos el camino por una pista sencilla que nos permite encontrarnos con cabras, burritos y algunos 4×4 que suben hacia nosotros. En menos de una hora llegamos al pueblo costero de Los Vilos, donde nos esperan con un asado al estilo chileno.

Un poco de diversión, y miedo

El fundo (finca) es enorme, dispone de 10.500 hectáreas de terreno, “hasta donde te llega la vista” me dice su dueño. Es un lugar muy agradable, sobre la montaña y con unas buenas vistas al mar. Aquí no te puedes aburrir, me enseña los caballos que sirven para los rodeos chilenos donde estos équidos y sus jinetes acorralan a la res contra las paredes de madera del ruedo. Son unos caballos que corren de lado, algo muy raro, esta raza la quieren instaurar ahora y sería la raza chilena, no muy altos y si muy fuertes. Disfruto con los caballos casi tanto como con mi moto. Los perros se a cercan a nosotros. Alrededor del ruedo hay un circuito de cross y tres pequeñas motos de 250 cc con las que divertirse. La primera en conducir una de estas motos es Marcia, una chilena con la que he entablado una buena amistad, nos unen las motos y los kilómetros, ella ha recorrido el norte de Suramérica en una Transalp primero y más tarde en una 1200 GS, en solitario. Que te pasen por encima con una de ellas, en medio de un salto, da más miedo que risa, aún así accedí a que uno de los pilotos de estas motos, lo hiciera.

Caballo de raza chilena en Los Vilos

El fuego saca los ricos olores de la carne que está en la parrilla y nos sentamos a cenar. Ha sido un duro día. Tras la rica cena con un vino chileno excelente mis huesos quieren para en algo blandito. caigo rendida en la cama no sin antes intentar charlar con todos los que reunidos en la sala de estar charlamos sobre el buen día que hemos pasado. Las BMW, las KTM (siempre en perfecta discordia sobre las aptitudes de cada montura)

Al día siguiente retomamos la ruta, pero parando en un pueblecito costero, Los Molles, donde vamos a tomar una rica empanada de marisco, estas empanadas son como una empanadilla a la española, pero gigante y la rellenan de queso con todo tipo de marisco (que para ellos son los distintos tipos de almejas y los camarones) me pido una de esto último mientras observo a un perro que parece ver la televisión, particularmente un programa de gastronomía. Tras un baño en esta parte del océano de agua cristalina y helada,  salimos por la Ruta 5 camino a Santiago.

Mientras comemos, veo como uno de los tantos cánidos que hay en esta parte del continente; asilvestrados, abandonados, unos con pulgas y garrapatas otros con un collar que hace mil años alguien le puso, unos bonitos, otros feos, grandes y medianos, pequeños y de mil colores…(por cierto desde aquí hago un llamamiento para si alguien conoce la manera de que obtenga mil collares antiparasitários, prometo ponerlos en mi camino).. como está mirando a los que comen, pendiente de cualquier miga que caiga al suelo.

generali y los Molles

 Ha sido un gran fin de semana, gracias a Marcia y Christian por la invitación a compartir con sus amigos y al trato exquisito por parte de Eduardo y su familia.

PD. Ah! el león alado sigue sano y salvo, ¡ni se ha manchado de barro!!

 

Salón de Actos de la cárcel de Navalcarnero.
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Fiel a mi consigna de contaros bonitas historias en este viaje por Chile, me detengo ante un puesto de pescadores, esta es la historia que…

pensamientos de 2 \"Ruta de tierra y un gran fundo: Los Vilos (Chile)\"

  1. En la forma que lo cuentas, es como si lo hubiese vivido yo! Me he prometido algún día vivir algo parecido… Mis mejores energías para ti, y no dejes ningún detalle por contar! bless!!

  2. Hola Alicia. He tenido la posibilidad de saber de la existencia de una mujer maravillosa que se encuentra recorriendo nuestro país en dos ruedas. Se lo debo a Mototemáticos. Poco y nada he leído de tu Blogger, pero no hace falta más que ser un apasionado de las dos ruedas y llevar casi una vida sobre una moto para saber lo genial y maravilloso que es tener esa oportunidad de viajar como lo estas haciendo en este momento. Te felicito por la proeza, y sobretodo por compartirlo. Mil gracias. Un abrazo enorme y mucho éxito en estas tierras. Ojalá tuviera la oportunidad de conocerte algún día. Cariños y feliz viaje.

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